Montessori hogar actividades cotidianas niños

¡Hola, creativas! Hoy, os propongo ideas y recursos, y os explico conceptos básicos, para poder aplicar la pedagogía Montessori en nuestro hogar y en las actividades cotidianas de nuestros hijos.

Antes de adentrarnos en la publicación, me gustaría aclararos dos cosas. En primer lugar, yo no soy “guía Montessori” (más adelante os explico su significado), sino docente y futura pedagoga. Así que, mis conocimientos sobre María Montessori y su labor educativa, los he adquirido a través del estudio de las pedagogías activas, en la universidad. En segundo lugar, en este post, voy a definir los conceptos básicos, y a proponeros ideas, para poder aplicar la pedagogía Montessori en vuestro hogar y en las actividades cotidianas de vuestros hijos. Pero, me voy a centrar más en la parte práctica, que en la teoría.

Aunque, de forma coloquial, se habla de “Método Montessori”, y se ha popularizado esta denominación, María Montessori no sintió que hubiera creado un método de enseñanza, como tal. Sus planteamientos están más cerca de una filosofía o pedagogía educativa. En la actualidad, su legado educativo se enmarca dentro de las pedagogías activas contemporáneas, opuestas a la escuela tradicional.

Como breve introducción, aunque luego entraremos en los detalles, María Montessori tuvo una variada formación académica (fue médico, científica, antropóloga, filósofa, psicóloga y educadora, entre otras muchas cosas), así como una amplia experiencia trabajando con niños, en diferentes escuelas. Tras la observación del comportamiento de los mismos, llegó a una serie de conclusiones que dieron forma a su pedagogía educativa.

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Aunque, después conoceremos más detalles de la pedagogía Montessori, aquí hago una síntesis de lo más importante, para que se comprenda mejor la aplicación práctica en el hogar, que veremos en el siguiente apartado.  De este modo, destacaré tres planteamientos de María Montessori: En primer lugar, el ambiente de aprendizaje de los niños debe ser un entorno creado y pensado para ellos exclusivamente. En segundo lugar, María Montessori observó y detectó en los niños una serie de necesidades: el amor por el orden, la diversión durante el aprendizaje, la independencia, ser escuchados y respetados, y el interés por la realidad y la ficción. En tercer lugar, para crear un ambiente Montessori, hay que aplicar los principios fundamentales de orden, estética, interés y objetivo.

Adaptando la pedagogía Montessori a nuestro hogar:

Ahora bien, como madres y padres que queremos adentrarnos en el apasionante mundo Montessori, para incorporarlo en nuestro hogar y en las actividades cotidianas de nuestros hijos ¿Cómo podemos aplicarlo de manera práctica?

En primer lugar, no hay que hacer un desembolso económico importante. Los muebles y materiales que vamos a necesitar, en cada una de las estancias de la casa, suelen ser pocos y bastante sencillos.

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En segundo lugar, para crear un hogar Montessori, debemos conocer los conceptos básicos de esta pedagogía, tener en cuenta las necesidades e intereses de nuestros hijos, fomentar su autonomía e independencia, disponer los muebles y materiales de forma que estén ordenados y accesibles para ellos, hacerles partícipes en las tareas cotidianas, responsables de sus propias cosas, respetar sus tiempos y ritmos de aprendizaje, y fomentar el sentimiento de pertenencia al hogar y a la familia.

A continuación, vamos a hacer un recorrido por las principales estancias de la casa, para ver su aplicación práctica, con ejemplos sencillos.

La habitación de los niños:

A la hora de planificar cómo queremos que sea la habitación de los niños, debemos pensar en un espacio que fomente su independencia y autonomía, además de tener en cuenta sus necesidades, intereses y gustos. También, es importante que esté bien iluminada (a ser posible con luz natural), ordenada, y que las paredes y los muebles tengan tonos neutros y claros, ya que aportan paz mental y un ambiente agradable. Por último, como veremos a continuación, el material principal y más idóneo es la madera.

Como podéis observar en las siguientes imágenes, la mayoría de las camas para niños, de inspiración Montessori, suelen estar situadas casi al ras del suelo. Además, al ser tan bajitas, no suelen llevar barreras, o si las llevan suelen ser de tamaño reducido. Este tipo de camas son ideales para los niños más pequeños, porque pueden subir y bajar de ellas, de manera autónoma.

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Estas camas, se pueden complementar, por ejemplo, colocando algunos cojines sobre ellas, y una alfombra a los pies. Pero, lo ideal es no sobrecargarlas de cosas. 

Sin embargo, si tenéis varios hijos y poco espacio, también hay otro tipo de camas, de inspiración Montessori, que os van a resultar más funcionales.  Os voy a hablar de tres opciones diferentes, que podéis adaptar a vuestro caso concreto.

En primer lugar, estarían las camas nido, en las que una se mete debajo de la otra. De este modo, durante el día, al estar recogidas, ocupan el mismo espacio que si hubiese una sola. Ya que la cama inferior, sólo la sacaremos a la hora de dormir. Éstas ya no están al ras del suelo, como en el caso anterior, pero, siguen siendo muy bajitas. Así que, también las pueden utilizar niños más pequeños, y subir y bajar de ellas, de manera autónoma.

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En segundo lugar, podéis optar también por las literas para niños, de inspiración Montessori. Como podéis ver en las imágenes, no tienen nada que ver con las convencionales. Y es que, la cama inferior es similar a las primeras que hemos visto, prácticamente está al ras del suelo. Y la cama superior está protegida con una barrera, y se accede a ella por unos escalones seguros. Si tenéis dos hijos de diferentes edades, esta puede ser una solución funcional. Para fomentar su autonomía, a la hora de subir y bajar a las camas, yo os recomendaría que el niño más pequeño duerma en la inferior, y el más mayor, en la superior.

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En tercer lugar, si el tema del espacio supone un problema para vosotros, podéis optar por una cama alta, que sea segura y accesible para el niño, y así, aprovechar la parte de abajo, para poner, por ejemplo, un escritorio, un ropero o lo que necesitéis. Como podéis ver en las imágenes, este sistema tiene una estructura similar al de las literas. La diferencia, con respecto a ellas, es que aquí no habría cama baja, si no que utilizaríamos la superior, para aprovechar el espacio inferior. Son camas altas, pero seguras y accesibles. Ya que disponen de una barrera, que les da una protección extra, y de unos escalones accesibles y seguros. Este tipo de camas son ideales para niños un poco más mayores. Por ejemplo, este modelo me encanta, porque se aprovecha hasta el hueco de los escalones, para poner cajones.

La mayoría de las camas, así como el resto de muebles, de inspiración Montessori, están elaborados con madera ecológica y materiales respetuosos con el medio ambiente.

Por otra parte, en la habitación de los niños, también, podemos colocar un armario o una cómoda para la ropa. Es importante que sea accesible para ellos, que esté a su alcance, y que les permita mantener el orden de las prendas y los complementos. Todo ello, con el objetivo de facilitarles la tarea de vestirse y desvestirse solos.

Con respecto a las prendas y a los complementos, podemos ordenarlos en cajones o en cajitas clasificadoras, de manera que estén a la vista del niño, y le resulte sencillo encontrarlas.

Además, junto al armario o la cómoda, podemos colocar una silla pequeña, que le ayude a calzarse y descalzarse. O incluso, también, en ella, el niño puede dejar preparada la ropa del día siguiente.

Si tenemos espacio en casa para un cuarto o una zona de juegos, sería lo ideal, para tener separados los ambientes donde juega por el día, de la zona donde duerme por la noche.  Sin embargo, no siempre disponemos de una habitación extra. Si este es vuestro caso, podéis colocar, en la habitación de los niños, un par de estantes con algunos cuentos y alguna caja pequeña con pocos juguetes.

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Lo importante es no saturar el espacio en el que duermen. De hecho, podemos distribuir el resto de juguetes, cuentos y otras cosas suyas, en alguna zona de otra estancia. Por ejemplo, en el salón.

El baño o el aseo:

El baño o el aseo deben estar adaptados a los niños, para que éstos sean más autónomos. A medida que los niños van creciendo, son capaces de hacer más cosas por sí mismos. En este sentido, debemos confiar en ellos y permitirles que puedan comenzar a asearse solos.

Al principio, podemos mostrarles nuestras rutinas diarias de higiene, para que ellos nos observen, aprendan a hacerlas y vayan adquiriendo autonomía. Para ello, es conveniente poner a su alcance los materiales y elementos necesarios para el aseo diario, y permitirles tiempo para explorar.

En este sentido, podemos adquirir un lavabo pequeño, o destinar el bidé para esta función (como hemos hecho nosotros en casa).  Tanto si elegimos la primera opción, como la segunda, colocaremos los elementos necesarios a su alcance. Por ejemplo, una pastilla o bote de jabón, fácil de manipular, un peine, y un vaso con el cepillo de dientes y la pasta. Encima del lavabo o el bidé, es muy recomendable colocar un pequeño espejo, de manera que el niño pueda verse reflejado mientras se asea. Por último, junto a esta zona, será necesario poner un colgador con una toalla de mano.

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Sin embargo, a veces, no podemos adquirir un lavabo pequeño. Ni tampoco disponemos de bidé. En este caso, podemos colocar escalones y/o torres de aprendizaje, seguros para los niños, para que puedan acceder al lavabo de tamaño adulto.

En la parte de la bañera o del plato de ducha, podemos ubicar, a su alcance, cestas con la esponja, el gel y el champú. Incluso, podemos dejar que guarde allí algún juguete, apto para el agua, para que pueda jugar mientras de da un baño. Por supuesto, colocaremos un perchero a su altura, donde pueda colgar su albornoz o una toalla grande. Además, dentro del baño, podemos poner un pequeño banco o una silla, donde el niño pueda vestirse, desvestirse y secarse.

Por ejemplo, en nuestro aseo, mi hijo tiene a mano un cesto de la ropa sucia. Esto es muy práctico, porque con ello fomentamos su autonomía. De esta manera, será él mismo el que realice la tarea de depositar allí la ropa sucia, una vez que haya terminado de bañarse.

Por último, no podemos olvidarnos de una parte muy importante dentro del aseo: el wc. Además, si nuestros hijos se encuentran en la fase de dejar atrás el pañal, os recomiendo tener a su alcance varios elementos: papel higiénico, una cesta con ropa interior limpia, un orinal, un reductor y un pequeño escalón. También, os aconsejo incluir en la cesta algún cuento que les guste. Y si está relacionado con esta temática y es divertido, mucho mejor. Yo os recomiendo el cuento ¿Puedo mirar tu pañal?, de Guido Van Genechten. En el enlace os dejo una reseña que hice sobre él, porque a mi hijo Yago le ayudó mucho en esta etapa.

La cocina:

La cocina suele ser una de las estancias de la casa que más les gusta a los niños, por la gran cantidad de elementos y estímulos que se pueden encontrar en ella. Sin embargo, en ocasiones, me he encontrado con familias que no permiten a los niños entrar en este espacio. Conversando con madres y padres sobre esta cuestión, la mayoría consideran que no es una estancia segura para ellos. Si éste es vuestro caso, os aseguro que se puede transformar la cocina en un ambiente seguro para los niños.

En primer lugar, os recomiendo guardar aquello que consideréis peligroso para ellos. De este modo, lo que suponga un riesgo estará fuera de su alcance, y los niños ya podrán explorar la cocina de manera segura. Esto mismo lo podemos aplicar a otras estancias de la casa.

En segundo lugar, es conveniente habilitar una zona para ellos, con un pequeño armario, unas baldas o unos cajones, donde los niños puedan guardar y sacar, con facilidad, sus utensilios de cocina: cubiertos, platos, manteles, vasos, servilletas, etc. De esta forma, por ejemplo, pueden aprender a poner la mesa.

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También, es interesante colocar una mesa y una silla más pequeñas, a su medida, para que los niños puedan sentarse a experimentar con los alimentos, nos ayuden a cocinar, o incluso, puedan comer allí.

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Si podéis, también os recomiendo, para la cocina, adquirir una torre de aprendizaje. Es un recurso Montessori muy práctico y funcional, que  permite a los niños acceder a zonas más altas, con total seguridad. Nos sirve también para otras estancias. Pero, por ejemplo, en la cocina, pueden aprender a hacer actividades cotidianas como fregar los platos, lavar los alimentos, o, simplemente, echarse agua en un vaso para beber. 

Como veis, con muy poquitos cambios en la cocina, los niños pueden mejorar su autonomía de forma exponencial. Tan sólo, necesitan un ambiente preparado y seguro, y que los materiales estén a su alcance. 

Tal vez, os resulten útiles estos imprimibles y manualidades relacionados con los alimentos, elaborados por mí, que podéis utilizar con los niños.

Zona o cuarto de juegos:

Podemos acondicionar una zona de juegos en cualquier estancia de la casa, o si tenemos espacio suficiente, también podemos preparar un cuarto en juegos en una habitación. Cada hogar y cada situación es diferente. Así que, esto va a depender del espacio del que dispongamos.

Tanto si disponemos de una zona concreta, como si contamos con una habitación en exclusiva, lo ideal es preparar un ambiente donde los niños puedan explorar y jugar de forma segura, y en el que los juguetes, objetos y materiales estén a su alcance.

El espacio debe ser atractivo para ellos, por lo que debemos respetar sus gustos e intereses. Además, es conveniente que el ambiente esté ordenado, bien iluminado (a ser posible con luz natural), con tonos claros y neutros, y sin exceso de cosas. Si tenemos una estancia saturada de juguetes y materiales, es probable que el niño experimente un bloqueo de los sentidos. De este modo, probablemente, no sea capaz de explorar, o ni siquiera sepa con qué jugar.

Además, os recomiendo los juguetes abiertos, en lugar de cerrados. Y, los que están hechos con madera, en vez de con plástico.  Los juguetes abiertos son aquellos a los que se les pueden dar usos diferentes, y que, por tanto, fomentan la creatividad infantil. Los que son cerrados tienen una utilidad muy concreta. Así, por ejemplo, si a un niño le damos una caja de cartón, podrá transformarla en lo que quiera, dando rienda suelta a su imaginación. Sin embargo, a un coche de juguete le puede dar un uso mucho más concreto y limitado.

A la hora de preparar una zona o cuarto de juegos, también hemos de tener en cuenta la edad de nuestros hijos. Los juguetes y materiales a su alcance no pueden ser los mismos si aún son bebés, o si ya son niños un poco más mayores.

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Si se trata de un bebé, os recomiendo colocar un espejo en la pared, al ras del suelo y en posición horizontal, junto a una alfombra o manta de juegos. De este modo, el bebé podrá verse reflejado y observar el espacio que le rodea. Además, podemos anclar una barra a la pared, que esté a su altura, para que pueda agarrarse, e incluso, ponerse en pie. También, podemos poner a su alcance juguetes y materiales con piezas grandes, con los que pueda explorar y experimentar. Podemos ubicarlos en estanterías o cajas, a su altura, en las que todo esté a la vista. Por ejemplo, los juguetes sensoriales son ideales para esta etapa.

Cuando el bebé ya se ponga de pie y camine, podemos aprovechar el mismo espejo que utilizamos en la fase anterior, y colocarlo en posición vertical. Y a su repertorio inicial, podremos ir incorporando otros juguetes y materiales. Incluso, es interesante ordenar y distribuir el espacio por áreas de interés diferentes. Así, por ejemplo, se me ocurre, poner una mesita y una silla de su tamaño, donde pueda pintar o explorar con materiales artísticos. O preparar un rincón de lectura, en una zona bien iluminada, en la que os recomiendo colocar los libros de cara, ya que así son más visibles. Podemos complementarlo con una colchoneta y unos cojines.

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Otras estancias de la casa:

 

En un hogar hay muchas estancias. Aunque hemos tratado, con más detalle, aquellas en las que pueden tener más protagonismo los niños o suelen pasar más tiempo, es importante que en todas tengan su sitio o, al menos, una zona para ellos. De este modo, fomentamos, también, el sentimiento de pertenencia al hogar y a la familia.  Esto es fundamental para un óptimo desarrollo emocional. Nuestros hijos tienen, desde que nacen, la necesidad de pertenecer, de sentirse miembros de la familia. Por ello, os aconsejo darles mucho amor, cariño y aliento, para que sientan el “calor de su hogar”.

 

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A continuación, voy a poner un par de ejemplos prácticos más, de cómo aplicar la pedagogía Montessori, en dos estancias de las que no hemos hablado aún: recibidor y salón.

 

El recibidor de una casa es una estancia que puede variar mucho, de unas familias a otras. Pero, muchas personas suelen tener, por ejemplo, un perchero o un zapatero. En esta estancia, como hemos ido viendo en otras zonas de la casa, la idea sería adaptar estos muebles a los niños, para fomentar su autonomía, su independencia, y mantener el orden. De este modo, se me ocurre, por ejemplo, colocar un perchero a su medida, para que pueda colgar su abrigo cuando llega a casa.  Y, también, poner un pequeño zapatero, o si ya tenemos uno, habilitarle una zona dentro de éste, para que pueda dejar ahí el calzado, que trae de la calle.

 

Por otro lado, en nuestro caso, el salón es una parte importante de la casa, porque pasamos mucho tiempo en él. Así que, cuando yo me plateé adaptar mi hogar a la pedagogía Montessori, sabía que, en esta estancia, mi hijo necesitaba su espacio, mayor accesibilidad, y un lugar donde guardar sus cosas. Así, por ejemplo, en nuestro salón, mi hijo tiene una mesa pequeña y un sillón pequeño, a su medida. Aunque, también, utiliza mucho el sofá grande, y se sube y baja de él, sin problema. Por otro lado, nuestro mueble del salón tiene unos módulos más altos y otros más bajos. Así que, lo más práctico ha sido cederle a mi hijo las estanterías y cajones que están a su altura, en los que guarda algunas de sus cosas. De este modo, puede disfrutar del salón, igual que los demás.

 

Y… hasta aquí llega el recorrido por las distintas estancias del hogar. Espero haberos dado ideas que os hayan resultado útiles y podáis aplicar en vuestras casas. Os recomiendo que, primero, tengáis claros los conceptos básicos de la pedagogía Montessori. Y, después, que al entrar en cada estancia, vayáis visualizando los cambios que haríais. Os aconsejo tener a mano papel y lápiz, para anotar o dibujar las ideas que os vengan a la mente, y que deis rienda suelta a vuestra creatividad.

 

Y si buscáis muebles infantiles, de inspiración Montessori, o simplemente ideas, os animo a visitar la tienda WNM Group. A mí, me la recomendó una madre del colegio de mi hijo Yago, y la verdad es que me encanta. Las camas que os he mostrado antes son de aquí. Pero, además, cuentan con otro tipo de mobiliario infantil del mismo estilo, elaborado con madera ecológica y materiales respetuosos con el medio ambiente. 

 

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A continuación, os cuento algunas cosas más de la pedagogía Montessori, que os pueden resultar útiles, para conocer cuál debe ser el papel de los adultos, y cómo gestionar las actividades cotidianas con nuestros hijos.
 

Montessori en el aprendizaje del niño, el papel del adulto y las actividades cotidianas:

 

María Montessori y su pedagogía educativa:

 

María Montessori (nacida en Roma, en 1870) fue la primera mujer licenciada en medicina por la Universidad de Roma. Como ya indicamos, al principio, además de médico, fue científica, antropóloga, filósofa, psicóloga y educadora, entre otras muchas cosas. Junto a esta variada formación académica, tuvo una amplia experiencia trabajando con niños, en diferentes escuelas. En 1907, crea la primera Casa de los Niños (Casa dei Bambini), en un barrio popular de Roma.

 

A partir de la observación de los niños, comprendió cómo era su comportamiento. Y, además, adquirió tal compromiso con ellos, que los acompañó en su desarrollo evolutivo, cognitivo y emocional. De este modo, llegó a una serie de conclusiones que dieron forma a su pedagogía educativa. Su pensamiento fue tan revolucionario en aquella época como lo es en la actualidad.

 

María Montessori se centró en la franja de edad de 0 a 6 años. Y descubrió que la mente de los niños es una “mente absorbente”. Ésta les permite captar todo tipo de impresiones y sensaciones del entorno que les rodea. Pero, además, llegó a la conclusión de que los niños, en su desarrollo evolutivo, pasan por fases de interés y curiosidad, que denominó “periodos sensibles”.

 

Durante estos “periodos sensibles”, el niño tiene una enorme capacidad para aprender y asimilar el mundo que le rodea, sin hacer grandes esfuerzos, de manera consciente. Está mucho más receptivo a los estímulos externos y a la adquisición de diferentes aprendizajes.

 

El aprendizaje del niño y el papel del adulto, en la pedagogía Montessori:

 

Uno de los objetivos principales de la pedagogía Montessori es ayudar a que los niños alcancen su máximo potencial, en todos los ámbitos de la vida.

 

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Por eso, en la pedagogía Montessori, todo está centrado en las necesidades e intereses de los niños. El ambiente de aprendizaje debe ser un entorno creado y pensado para ellos, exclusivamente. Además, el niño debe ser el protagonista de su propio aprendizaje, participar activamente en él, y, a partir de ahí, construirse a sí mismo, integrando aquello que le ofrece el entorno (“mente absorbente”), en el momento más idóneo (“periodos sensibles”).

 

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Por otra parte, el papel del adulto será el de facilitador, acompañante y guía. Pero, siempre desde un discreto segundo plano.

En la pedagogía Montessori, no hay un maestro o profesor, tal y como lo concebimos en nuestro sistema educativo, sino que existe la figura del “guía”. El “guía Montessori” es un gran observador de la conducta y el desarrollo de los niñosSu objetivo es estimularlos hacia el aprendizaje, y guiarlos para que aprendan por sí mismos y sean independientes. Cuando surge una dificultad, el guía puede intervenir, pero siempre tratando de no dar más ayuda de la necesaria. 

 

El “guía Montessori” no enseña al niño, como hace el maestro en el sistema educativo actual. Sino que le hace partícipe y protagonista de su propio aprendizaje. Además, le proporciona los recursos y materiales necesarios, para que pueda aprender en un ambiente seguro y positivo.

Por todo ello, el guía y el niño tienen una relación basada en la confianza y el respeto mutuo. Esto mejora la autoestima del pequeño, fomenta su autoconfianza, y le motiva a la hora aprender y de probar actividades nuevas.

 

En definitiva, para conocer nuestro papel como adultos, en todo este proceso, debemos tomar como referencia el comportamiento del “guía Montessori”. Además, como madres y padres que queremos aplicar la pedagogía Montessori en nuestro hogar y en las actividades cotidianas de nuestros hijos, es necesario que tengamos una mínima formación. Al menos, conocer los conceptos básicos de esta pedagogía.

 

La pedagogía Montessori en las actividades cotidianas:

 

Ya hemos visto como adaptar la pedagogía Montessori a las distintas estancias del hogar. Ahora, vamos a ver cómo gestionar las actividades cotidianas con los niños.

 

Imaginad, por un momento, la cantidad de actividades y tareas que realizamos en nuestra vida cotidiana, dentro del hogar. Los adultos las tenemos tan interiorizadas, que las hacemos casi sin pensar. Pero, para los niños, es un terreno que están comenzando a explorar. Por eso, actividades cotidianas, como lavarse las manos o los dientes, poner la mesa, y vestirse o desvestirse, entre otras muchas, son oportunidades de aprendizaje para los niños. Además, es necesario que las aprendan, para poder desenvolverse en su día a día con autonomía, y, así, alcanzar su independencia.

 

Entonces, ¿Cómo debemos gestionar las actividades cotidianas con los niños, aplicando la pedagogía Montessori?

 

En primer lugar, con los ambientes preparados y las estancias adaptadas, les proporcionamos oportunidades para aprender por sí mismos, y poder elegir, actuar, pensar y expresarse libremente.

 

La libertad y el respeto son fundamentales. Por eso, jamás debemos tratar de imponer a los niños ninguna actividad. Podemos proponer, pero, nunca obligar. A veces, los padres nos empeñamos en que los niños aprendan determinadas cosas, porque creemos que, por edad, les corresponde. Pero, esto es un error. Así que, si les proponemos una actividad y no les interesa, o no están receptivos, no debemos insistir. Ya que, puede que aún no estén preparados, desde el punto de vista de su desarrollo evolutivo. O, simplemente, puede que esa actividad no responda a sus necesidades de descubrimiento, en ese momento. Podéis guardar el material para retomarlo más adelante.

 

En segundo lugar, a la hora de presentar una actividad, es conveniente escoger un lugar y un momento tranquilos, en los que el niño y el adulto estemos receptivos y disponibles, sin distracciones. Además, también os recomiendo explicarles la actividad, despacio y con pocas palabras. Los adultos tenemos un ritmo al hablar que, a veces, es demasiado rápido para los niños.

Una vez que hayamos presentado la actividad, es conveniente que el material vuelva a la posición inicial. Entonces, será el momento de proponerle al niño que haga la actividad él sólo, desde el principio. Recordad que somos guías y facilitadores, y que debemos fomentar que aprendan por sí mismos. Por tanto, no debemos intervenir si no nos lo piden. De hecho, a veces, les interrumpimos, con la intención de mostrarles nuestro apoyo, y lo que conseguimos es desconcentrarlos.

En tercer lugar, debemos darles el tiempo que necesiten para concentrarse en su actividad, experimentar y explorar, sin ser interrumpidos. Y es que, incluso la actividad más insignificante, puede ser de gran relevancia para su desarrollo. Así que, es necesario respetar sus ritmos y tiempos de aprendizaje. Cada niño es diferente. Y, por tanto, también, aprende de forma distinta.

En cuarto lugar, es fundamental tener las actividades preparadas con anterioridad, y no improvisar. Por tanto, es necesario tener listos los materiales. Y, además, hay que fijar un objetivo realista, sobre aquello que se pretende lograr con la actividad.

 

En quinto lugar, una vez terminada la actividad, es conveniente mostrarle cómo ordenar el material y recogerlo después de su uso. Por ejemplo, podemos asignar un lugar para cada cosa, además de ubicar las estanterías, cestas y otros contenedores, de manera accesible. Es recomendable dejarlo a su alcance, para que el niño pueda repetir la actividad cuando quiera.

Por último, durante el desarrollo de las actividades, los niños pueden equivocarse. Como adultos, debemos mostrarles que el error no es algo negativo. De hecho, equivocarse es necesario y forma parte del aprendizaje.

Para finalizar, os propongo algunos ejemplos de actividades cotidianas en el hogar, que podemos hacer con los niños: 

 

  • En el aseo, podemos fomentar actividades que les enseñen hábitos de higiene personal (lavarse las manos o los dientes, peinarse el pelo, etc.). Y, en la bañera, pueden aprender jugando sobre los objetos que flotan en el agua, y aquellos que se hunden.
  • En la habitación, por ejemplo, podemos preparar actividades para que aprendan a doblar la ropa, ponerse el abrigo, abrocharse un botón o atarse los cordones de las zapatillas, entre otras muchas.

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  • En el cuarto o zona de juegos, podemos proponer actividades sensoriales. Por ejemplo, fabricar instrumentos musicales, hacer arena mágica casera, experimentos con plantas, etc. Hay que destacar que los materiales sensoriales se utilizan mucho en la pedagogía Montessori, ya que fomentan el hecho de que los niños usen sus sentidos para aprender.

Montessori hogar actividades cotidianas niños
 
Montessori hogar actividades cotidianas niños

  • En la cocina, casi todas las actividades cotidianas que pueden realizar los niños, mejoran la motricidad fina y la coordinación óculo-manual. Por ejemplo, pueden aprender a traspasar arroz de un recipiente a otro, con una cuchara; servir agua de una jarra a un vaso; poner la mesa; abrir y cerrar botes; jugar a diferenciar olores y sabores; sembrar lentejas en algodón, etc.

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Y… hasta aquí, nuestra publicación de hoy. Espero que os haya resultado útil para poder aplicar la pedagogía Montessori en vuestro hogar y en las actividades cotidianas de vuestros hijos.

 

¡Gracias por estar ahí! ¡Nos leemos pronto! 😉

 

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