Cómo te gustaría que fuese el profesor de tus hijos

¿Cómo te gustaría que fuese el profesor o la profesora de tus hijos? Si hiciéramos esta pregunta a un montón de madres y padres, aunque cada uno tenga formas diferentes de concebir la educación de sus hijos, hay muchas cosas en las que estaríamos de acuerdo. Yo misma lo he comprobado, mientras preparaba esta publicación. He querido contar con distintas opiniones para mostrar una visión más representativa. Y me he dado cuenta de que, al final, a casi todos los padres y madres nos preocupan las mismas cosas.

Así que, hoy quiero contarte, desde mi punto de vista, cuáles considero que son las características fundamentales que debería tener un buen profesor, maestro, educador o docente. Pero, antes de meterme de lleno en el tema, te pongo en antecedente. Yo soy madre, periodista, docente y futura pedagoga. Y además, también he sido alumna en el colegio, en el instituto y en la universidad. Por tanto, inevitablemente, mi postura y mi opinión van a ser bastante globales, porque son la suma de todas mis experiencias en los diferentes roles y puntos de vista de cada uno.

Tomando como punto de partida todo lo anterior, te cuento cómo me gustaría que fuese o qué características debería tener un buen profesor o profesora, desde mi punto de vista:

1. Por supuesto, estar formado para el trabajo educativo es totalmente necesario.

En primer lugar, creo que todo el personal educativo debería estar previamente formado para desempeñar su puesto de trabajo. Me refiero, por ejemplo, a que los requisitos para ser maestro pasan, inicialmente, por cursar la carrera de magisterio, o en el caso de un profesor de secundaria (mi caso), por tener una Licenciatura de una especialidad concreta y, además, aprobar el certificado de aptitud pedagógica correspondiente.

Esto puede parecer obvio, porque, de entrada, asumimos, como es lógico, que un maestro, un profesor, un educador o un docente, tienen la titulación correspondiente para desempeñar sus funciones. Pero, no siempre es así. Por eso, lo he querido incluir como una primera característica necesaria o punto de partida imprescindible. Por supuesto, también quiero aclarar que tener un título universitario no implica que, por este hecho, ya un profesor pase a ser bueno automáticamente. Así que, bajo mi punto de vista, la formación únicamente no es suficiente. Creo que son necesarias, además, otras competencias y habilidades que expongo a continuación.

2. Es necesario que el docente no intente ser perfecto o mostrarse como tal, ni trate de inculcar la perfección en los niños.

Los profesores somos humanos. No somos perfectos. Ni tampoco debemos aspirar a serlo. Y además, tampoco debemos intentar que nuestro alumnado sea perfecto.

El error o la equivocación no es algo negativo, sino que forma parte del aprendizaje, y hay que asumirlo como tal. Este mensaje es el que, como madre, me gustaría que transmitieran a mi hijo sus profesores y profesoras. Porque en casa, es lo que tratamos de inculcarle desde que tiene uso de razón. Mi hijo ve que su padre y yo no somos seres perfectos, que nos equivocamos, que aprendemos de nuestros errores y no pasa nada. La vida es así, y hemos de asumirla como tal.

Cómo te gustaría que fuese el profesor de tus hijos

De pequeña, yo era una niña muy perfeccionista. Hay una inmensa mayoría que piensa que esto es algo positivo, pero no es así. Los niños perfeccionistas nunca llegan a ser completamente felices, porque nada es suficiente para ellos, siempre se van a exigir más y más. Doy fe de ello. Yo era una alumna tan perfeccionista que nunca estaba cien por cien contenta con lo que hacía. Por eso, yo hoy apuesto porque mis hijos o mis alumnos tengan un rendimiento escolar bueno. Con eso me conformoPero, ni necesito, ni quiero que sean perfectos. Además, desde mi punto de vista, la perfección no existe. Y si existiera, sería completamente subjetiva.

3. Motivar a sus alumnos y fomentar en ellos el gusto por el aprendizaje es muy importante.

Cómo te gustaría que fuese el profesor de tus hijos

Como te comentaba al principio, yo además de madre, docente y futura pedagoga, también he sido alumna. Y, como les habrá pasado a la inmensa mayoría de estudiantes, he tenido profesores de todo tipo: unos buenos; otros malos, y un tercer grupo que “ni frio ni calor” (ja,ja,ja,ja). Pero, como a mi me gusta quedarme con lo bueno siempre y sacar el lado positivo de las cosas, hoy no me apetece recordar malas experiencias, sino buenas. Y es que, estoy segura de que habrás tenido a un maestro o una maestra, profesor o profesora, educador o educadora que te marcó para bien; que supuso un antes y un después en tu vida estudiantil. Uno o varios. Gracias a ellos, yo conseguí comprender qué es aquello de aprender jugando, “el placer de aprender”, el “gusto por el aprendizaje”

Yo tuve varios profesores y profesoras de este tipo. Pero, la más importante fue mi madre, que también era maestra, completamente vocacional. Así que, creo que todos nuestros peques se merecen tener docentes que les motiven y que fomenten en ellos el gusto por aprender.

4. Ser creativo, tener una mente abierta y apostar por la flexibilidad de pensamiento es fundamental.

Tenemos dos hemisferios cerebrales. En el izquierdo, trabajamos la parte lógica, racional, cronológica, ordenada, secuencial, matemática… En el derecho, podemos percibir la información de una manera desordenada, dando saltos de un pensamiento a otro, de un modo más global, más flexible, más intuitivo y más creativo.

Tal y como está planteado el sistema educativo, los profesores, en el aula, tendemos a trabajar mucho más la parte lógica y racional que la creativa. Y, por ende, también nuestros alumnos. Dicho esto, creo que lo ideal es la combinación de ambas. Por eso, considero que los docentes tenemos que evitar la rigidez en los pensamientos y planteamientos, y abrir un poco más la mente, ser más flexibles y creativos.

Es necesario salirse, de vez en cuando, de la programación establecida y del libro de texto, sorprender a los alumnos con actividades nuevas, que les motiven. Si no, tienden a percibir el aprendizaje y el estudio como algo aburrido y monótono. Y aprender tiene que ser algo divertido, que les guste.

Así que, en cualquier ámbito de la vida, y también en educación, tenemos que tratar de potenciar la creatividad de nuestros alumnos. Pero, para ello, primero hemos de ponerla en práctica los docentes.

Cómo te gustaría que fuese el profesor de tus hijos

5. Es muy necesario apostar por la inclusión de la diversidad funcional, en el sistema educativo, para conseguir que sea una realidad.

Desde mi punto de vista, aceptar la diversidad funcional, respetarla y promover la igualdad entre el alumnado es totalmente necesario, pero no es suficiente. La inclusión debe ser real, a todos los niveles.

Esto implica modificar y adaptar el programa educativo, los objetivos y contenidos, cuando sea necesario. Y por supuesto, minimizar y tratar de eliminar las barreras físicas, mentales, sociales, culturales o de cualquier otra índole, que entorpecen y dificultan ese proceso de inclusión.

6. Adaptarse a los ritmos y tiempos de aprendizaje de los alumnos es fundamental. La prisas no son buenas tampoco en la educación.

Cuando yo estudiaba en el colegio y en el instituto, había una situación que se daba con mucha frecuencia. Y es que, se explicaba un tema, de la materia que fuese, y aunque no se hubiera entendido correctamente, si se había empleado un tiempo que el profesor o la profesora consideraba “suficiente”, se daba por sabido. Aunque, más de la mitad de la clase suspendiera ese examen.

Sí. Esto pasaba. Y, para mi sorpresa, continúa pasando. Por supuesto, no es algo general. Y afortunadamente, hay muchos docentes que no trabajan de esta manera. Pero, sigue habiendo casos en los que sí.

Pero, esto es algo que no se puede consentir. Cada niño tiene unos ritmos y tiempos de aprendizaje diferentes. A unos les cuesta más y a otros menos. Y los profesores tenemos que adaptarnos a todos. Si, por ejemplo, estamos explicando en clase las divisiones de dos cifras y no se han entendido, aunque le hayamos dedicado un semana a esto, tendremos que emplear más tiempo y probar con otros recursos y herramientas hasta que consigamos que el alumnado lo aprenda.

En mi opinión, adaptarse a sus ritmos de aprendizaje es imprescindible. Y además, debemos dejarles tiempo para pensar, actuar, hablar, expresarse y asimilar conceptos.

7. Fomentar el aprendizaje comprensivo, y no el puramente memorístico, es totalmente necesario.

En pleno siglo XXI, algunos profesores siguen en la línea del aprendizaje memorístico puro y duro. Y yo es algo que no concibo, ni como madre, ni como docente, ni como alumna. Claro que hay que utilizar la memoria. Pero, ¿para qué sirve aprenderse párrafos enteros, de principio a fin, sin comprender su significado?

Creo que este tipo de aprendizaje, planteado así, no tiene ningún sentido. Una cosa es aprenderse fechas y datos puntuales relevantes y otra, memorizar todo sin saber ni lo que estamos estudiando. Hay que apostar por un aprendizaje comprensivo, en el que los alumnos entiendan aquello que están leyendo. Una vez comprendido, ya no necesitarán memorizarlo, porque, directamente, lo habrán asimilado. Y en definitiva, también lo habrán aprendido.

Cómo te gustaría que fuese el profesor de tus hijos

En este sentido, es bastante útil enseñar a nuestros alumnos diferentes técnicas de estudio, como, por ejemplo, desglosar los enunciados, dividir un párrafo en ideas principales y secundarias, hacer tormentas de ideas, mapas mentales, esquemas, visualizaciones, etc. Es muy importante invertir tiempo en aprender a estudiar. Este es un tema que ya comencé a desarrollar hace unos días con la publicación de diez factores que favorecen el aprendizaje infantil, y sobre el que continuaré profundizando más adelante.

Enseñar a estudiar es una asignatura pendiente en las escuelas. Por eso, muchos padres y madres, nos encontramos con que, de repente, nuestros hijos se han hecho mayores, traen tareas escolares y exámenes, y no saben, ni sabemos, gestionarlo. Muchos alumnos acaban frustrados, desmotivados, o piensan, incluso, que no sirven para estudiar. Y esto no puede ser.

Así que, hay que apostar por el aprendizaje comprensivo, y por enseñar a nuestros alumnos a estudiar y a aprender de una manera óptima.

8. Saber escuchar y poner en práctica la “escucha activa” con los alumnos es muy importante.

Aprender a respetar los turnos de palabra y a desarrollar la escucha activa es fundamental a la hora de aprender, pero también para desenvolvernos en el mundo que nos rodea.

La escucha activa no es otra cosa que aprender a escuchar a otros, evitando distracciones y manteniéndonos concentrados, sin perder el foco.

Para ello, el profesor debe dar ejemplo y no convertir la clase en un monólogo. Es importante fomentar la participación de los alumnos, el debate, el respeto por la diversidad de opiniones e ideas, y aprender a escucharnos los unos a los otros.

Además, si aprendemos a desarrollar la escucha activa en un contexto, podremos aplicarla en todos los demás.

9. Ser un buen comunicador, tener empatía y paciencia con los alumnos.

Los docentes debemos esforzarnos por comunicarnos correctamente con nuestro alumnado. Explicarnos bien, hablar con claridad, en un lenguaje que entiendan, situarnos en su contexto, poner ejemplos que comprendan, son sólo algunas muestras de ello.

Además, estar abiertos al diálogo y a la comunicación, suelen ser buenos recursos para llegar hasta nuestros alumnos, y que ellos conecten con nosotros.

Y, por supuesto, a la vez que comunicamos, tenemos que tratar de empatizar con nuestros alumnos, ponernos en su piel, entrar durante unos minutos en su mente.

Por último, para desarrollar la empatía y conectar con nuestros alumnos correctamente, es imprescindible trabajar muchísimo la paciencia.

10. Fomentar el aprendizaje por descubrimiento y la autonomía.

Cómo te gustaría que fuese el profesor de tus hijos

Para finalizar, me gustaría que el profesor o la profesora de mi hijo le dejase tomar la iniciativa de vez en cuando, aprender cosas sólo, mediante la exploración del mundo que le rodea. De hecho, soy partidaria del aprendizaje por descubrimiento y lo practicamos en casa.

Esto aporta a los niños seguridad y confianza en sí mismos y mejora su autoestima. Y además, creo que es un buen recurso para que desarrollen el interés por aprender cosas nuevas. 

En relación a este último punto, te recomiendo leer nuestra reseña sobre el libro Enséñame a hacerlo sin tu ayuda.

Y hasta aquí, llega la publicación de hoy sobre cómo me gustaría que fuese o qué características debería tener el profesor de mis hijos, desde mi punto de vista.

¡Gracias por estar ahí!

¡Besos creativos!

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